Trump y la trama rusa

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Semana intensa respecto a la trama rusa que sigue inquietando al presidente Donald Trump. El lunes, su yerno y uno de sus principales asesores, Jared Kushner negó haber cometido colusión con el gobierno ruso en su comparecencia ante los comités de inteligencia del Senado y la Cámara de Representantes en Estados Unidos.

A su juicio; el que es uno de los hombres con mayor influencia en la Casa Blanca y esposo de Ivanka Trump, no mantuvo contactos inapropiados ni dependió de fondos rusos para financiar sus actividades empresariales; sin negar las cuatro reuniones que públicamente se conocen, dos con el ex-embajador ruso en Washington, Serguéi Kislyak, otra con el jefe de un banco estatal ruso y otra más con una abogada rusa en la que también participó el hijo del presidente, Donald Trump Jr.

Precisamente, en la semana se dio a conocer que el embajador Kislyak, figura central respecto a la presunta injerencia rusa en las pasadas elecciones presidenciales, dejaba el cargo después de diez años como enviado diplomático. Aunque su salida ya se había anticipado, no se precisaron las razones del retiro del polémico embajador.

El Congreso de los Estados Unidos y el fiscal especial Robert Mueller, quien fuera nombrado por el Departamento de Justicia, investigan la posible confabulación del equipo de campaña de Trump con funcionarios rusos. Las agencias de inteligencia estadounidense ha señalado la posible interferencia del Kremlin en los resultados electorales de noviembre pasado.

Se sabe que Kislyak sostuvo reuniones con el fiscal general Jeff Sessions, las mencionadas con Jared Kushner y con el ex-asesor de seguridad nacional Michael Flynn, quien tuvo que dejar el cargo pocos días después de su nombramiento por haber ocultado al vicepresidente Mike Pence que abordó el tema del levantamiento de las sanciones a Rusia en su reunión con el embajador.

Por su parte, Jeff Sessions se vio obligado a inhibirse de todo lo relacionado con las investigaciones de la trama rusa, tras negarse a revelar sus conversaciones con Kislyak durante su comparecencia ante el Senado para ser ratificado en el cargo.

Kislyak también recibió información clasificada durante la reunión que sostuvo en el Despacho Oval con el presidente Trump y el ministro de Exteriores ruso Serguéi Lavrov sobre el conflicto en Siria.

La frustración del presidente Trump sobre la trama rusa ha cobrado fuerza en la semana y ha descargado su ira en contra del fiscal general Jeff Sessions a quién acusó en Twitter el martes de tomar una posición muy débil respecto a los crímenes que, insiste, cometió Hillary Clinton sobre el uso de su correo electrónico cuando era Secretaria de Estado en la pasada administración.

Trump no perdona a Sessions haberse escusado de conocer sobre la posible intromisión de Rusia en las elecciones de Estados Unidos y lo calificó en la red social como una persona “atribulada”. A principios de mes, el presidente ya había criticado al fiscal general por apartarse de las pesquisas, afirmando que de haber sabido la intensión de Sessions de retirarse de las investigaciones, no le hubiera puesto al frente del Departamento de Justicia.

El posible despido de Sessions se sumaría, en poco más de seis meses de la actual administración, a la salida de Michael Flynn, asesor de seguridad nacional; James Comey, director del FBI y la reciente destitución de Sean Spicer, secretario de prensa.

Sessions fue el primer senador en manifestar su respaldo a Trump durante las elecciones y era considerado hasta hace poco como un aliado íntimo del presidente.

La recusación de Sessions para no involucrarse en las investigaciones de la trama rusa, motivó el nombramiento de Robert Muller, quien fuera director del FBI de 2001 a 2013, cuya designación no ha simpatizado mucho al magnate neoyorkino que contaba con Sessions para hacerse caso de la problemática situación en el entramado ruso.

Nombres como el del senador Ted Cruz, o el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani corren los pasillos de la Casa Blanca como posibles sucesores de Sessions durante el receso legislativo del mes de agosto. Diversos asesores han recomendado a Trump no separar del cargo a Sessions ante el gran apoyo que tiene en las filas del partido Republicano y a la problemática que llevaría ratificar a un nuevo candidato ante el Senado.

Destaca también la medida aprobada en el Congreso norteamericano, en medio de las discusiones para intentar desarticular el Obamacare, sobre el aumento de las sanciones contra Rusia y la limitación a la capacidad del presidente Trump para poder levantas dichas medidas.

Los legisladores de ambos partidos, ataron las manos al presidente, en una muestra de desconfianza hacia el inquilino de la Casa Blanca, para quitarle la posibilidad de aliviar o levantar las sanciones contra Moscú. En caso de pretender hacerlo, Trump deberá fundamentar por escrito al Congreso las modificaciones, y el Parlamento decidirá en una plazo de 30 días si las aprueba o rechaza.

De nada serviría al presidente vetar la norma, ya que el mismo puede ser fácilmente superado en el Congreso. La reacción desde el Kremlin no se hizo esperar. El viceministro del Exterior, Serguéi Riabkov advirtió que el proyecto de ley es un paso que apunta a impedir la normalización de las relaciones bilaterales.

Por todo lo anterior, se levantaron las señales de alerta cuando Trump alimentó el debate sobre la posibilidad de atribuirse plenos poderes para poder exonerar a sus colaboradores e incluso a él mismo respecto a la trama rusa. Se supo que el presidente mantuvo reuniones con sus asesores legales para conocer las limitantes de un, remoto pero posible, perdón presidencial.

Rodrigo Chávez Fierro

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