Hacia el final de la energía nuclear

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A treinta años de la catástrofe de Chernobil y todavía sin resolver los problemas relacionados con la planta de Fukushima, la energía atómica enfrenta ya un declive frente a nuevas formas de energía menos riesgosas y más amigables con el medio ambiente.

Los reactores nucleares existentes cada vez son más viejos, con una menor rentabilidad, cuyo riesgo de sostenimiento cada vez es mayor. Tan sólo después de la Segunda Guerra Mundial la ciencia argumentaba que la energía atómica era limpia, barata e infinita. Para la década de los setentas y ochentas ya se encontraban en funcionamiento la mayoría de las plantas nucleares. Tan solo en los setentas, 87 plantas nucleares se pusieron en funcionamiento en Europa. La siguiente década vio 102 nuevos reactores instalarse en el viejo continente.

El desastre de Chernobil en 1986 supuso el primer fracaso de la energía atómica en Europa. Antes de ello, se vendía como una energía segura. Muchos proyectos fueron cancelados tras el accidente.

La vida útil de un reactor es de 31 años. Hoy en día en Europa siguen en funcionamiento 128 reactores, 58 de ellos en Francia. En el país galo, la energía atómica ha sido muestra de orgullo y cubre tres cuartas partes del consumo eléctrico del país. El gobierno francés ha anunciado que reducirá hasta el 50% su uso en 2025. El país no ha vendido ninguna planta atómica en los últimos ocho años.

Las plantas atómicas no son rentables dado que las energías solares y eólicas cuestan menos de la mitad y respetan el medio ambiente además de no suponer riesgos. Además los reactores no están protegidos en caso del choque de un avión y pueden ser objetos de ataques terroristas.

Fuente: DW

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