Corea del Norte: retórica, estrategia y pruebas nucleares

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El régimen de Pyongyang realizó el fin de semana un nuevo ensayo nuclear utilizando una bomba de hidrógeno que de acuerdo a los registros alcanzó una potencia de 100 kilotones. Esto significa cinco veces mayor fuerza que la anterior prueba realizada el año pasado. La bomba lanzada el domingo provocó un sismo de 6.3 grados en escala de Richter.

El impacto de la bomba multiplicó por cinco lo padecido en Nagasaki en la II Guerra Mundial, cuando Estados Unidos arrojó una bomba atómica sobre la ciudad japonesa. Hasta la fecha, Corea del Norte había realizado cinco ensayos nucleares. Los últimos dos en enero y septiembre de 2016. Kim Jong-il, padre del actual líder norcoreano, inició el programa nuclear hace más de una década.

La problemática de la nueva detonación, que las autoridades norcoreanas calificaron como “total éxito”, radica en que la bomba puede ser colocada en un misil balístico intercontinental o ICBM; lo cual supondría un peligroso desarrollo en el programa nuclear de Kim Jong-un.

El ensayo nuclear viene a sumarse a una escalada en la retórica entre Estados Unidos y Corea del Norte nunca vista. Pyongyang lanzó recientemente un misil que sobrevoló Japón rumbo al Océano Pacífico. Con dicha prueba, el régimen norcoreano demostró que tiene la posibilidad de bombardear la isla de Guam, como había amenazado hace unas semanas.

Donald Trump pensaba que con el endurecimiento de las sanciones por parte del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas y las amenazas de un ataque militar haría disminuir las muestras de fuerza por parte de Pyongyang.

Tras confirmarse la denotación nuclear, el presidente Trump condenó el ensayo en su cuenta de Twitter donde señaló que las palabras y las acciones por parte de Corea del Norte siguen siendo muy hostiles y peligrosas para Estados Unidos. De igual forma, criticó a China al advertir que el país trata de ayudar pero con poco éxito. Y de paso cargó contra Corea del Sur al indicar que las conversaciones para apaciguar a Corea del Norte no funcionan ya que ellos solo entienden una cosa, concluyó el presidente.

No obstante, la opción de “fuego y furia” planteada por Trump choca con el poderío militar del ejército norcoreano. Cuando nos referimos a Corea del Norte hablamos de una de las fuerzas armadas más grandes del mundo. Cuenta con más de 700,000 efectivos y duplica en número al ejército de Corea del Sur. Tiene 76 submarinos, 5,025 tanques de combate y 458 aviones de combate.

En caso de un conflicto militar, tendríamos que lamentar cientos de miles de muertos, aun sin el uso de armas nucleares. Seúl, con 10 millones de personas, se encuentra tan solo a 60 kilómetros de la frontera con Corea del Norte, lo que la sitúa al alcance de la artillería norcoreana. Ni siquiera Estados Unidos sería capaz de eliminar en el corto plazo todo el arsenal norcoreano; por lo que si bien Pyongyang no podría ganar la guerra, la península coreana quedaría gravemente dañada.

Kim Jong-un, tan solo de 33 años, hace lo necesario para seguir manteniéndose en el poder; pero tampoco lo hace de forma irracional. Su política armamentista y nuclear, así como las pruebas de misiles de largo alcance son parte de su estrategia para mantenerse al frente de su país. El régimen norcoreano no pretende utilizar su potencial nuclear como armas de agresión, sino como elemento de disuasión que le permita hablar de igual a igual con Estados Unidos, es decir de potencia nuclear a potencia nuclear.

La prueba del misil que sobrevoló territorio japonés, que llevó incluso a la suspensión de algunos programas de televisión para alertar del lanzamiento, así como la interrupción de diversas líneas del tren bala; trajo consigo de nuevo el debate sobre la modificación al artículo noveno de la Constitución japonesa que impide al país recurrir al uso de la fuerza para la resolución de conflictos internacionales y que no permite a las tropas japonesas participar en operaciones fuera del país o asistir a contingentes extranjeros. Despertar el sentimiento bélico japonés parece no ser muy buena idea al fomentar el rearme de los países de la región.

Sin embargo, Corea del Norte ha tenido éxito en su estrategia disuasoria. El propio Steve Bannon, ex asesor del presidente Trump, en su momento advirtió a la prensa que no existía solución militar posible respecto al régimen norcoreano: “hasta que alguien resuelva la parte de la ecuación que demuestre que millones de personas en Seúl no mueran en los primeros 30 minutos a causa de armas convencionales, no hay solución militar”.

Como es habitual en nuestros escritos, hacemos referencia a las ideas de Mauricio Meschoulam (El Universal 02/09/2017) quien advierte que las únicas opciones por las que Estados Unidos pudiera atacar Corea del Norte son las siguientes: a) que Washington contara con la certeza que un ataque preventivo contra Pyongyang no resultaría en una escalada mayor de las hostilidades; cuestión que Kim Jong-un se ha asegurado en convertir en su principal amenaza; b) Si el gobierno de Trump fuese capaz de desarrollar una táctica que pudiese neutralizar la capacidad ofensiva inmediata de Corea del Norte, buscando minimizar el costo humano de una escalda del conflicto; c) que Trump estuviera dispuesto a aceptar y asumir el alto costo humano y no hubiese actor interno o externo, como Seúl o Tokio, que pudiese convencerlo de lo contrario. Sin considerar lo anterior, cualquier amenaza del magnate neoyorkino resultaría infundada.

Ante las circunstancias actuales, siguiendo con el análisis del profesor Meschoulam (@maurimm), tenemos que aceptar que: 1.- Corea del Norte ya cuenta con misiles intercontinentales balísticos funcionales capaces de amenazar cualquier del territorio estadounidense; 2.- Pyongyang ha conseguido miniaturizar y montar una bomba atómica transportable en esos misiles; 3.- No hay demasiadas concesiones que se puedan esperar de Kim Jong-un, si se pretende que camine de reversa en sus proyectos.

La opción más viable es que la Casa Blanca acepte las propuestas de Moscú y Beijing: un congelamiento del proyecto nuclear norcoreano a cambio de la suspensión de ejercicios militares por parte de Washington y sus aliados en la región como punto de partida. O bien; seguir alimentando el espiral ascendente de tensiones con ejercicios militares que no ha disuadido al régimen norcoreano de continuar con sus pretensiones nucleares.

Concluimos con Meschoulam al señalar que ni la estrategia de “Eje del Mal” del presidente George Bush ni la “Paciencia Estratégica” de la administración Obama resultaron efectivas; el “Fuego y Furia” de Trump tampoco resolverá el problema, con la agravante que los riesgos son mayores y las vías para actuar más estrechar.

Correo electrónico: rodrigo@chavezfierro.com

www.chavezfierro.com

Miembro del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi)

 

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